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LOS
DESOBEDIENTES
Cuando un niño por sistema no hace caso y desobedece a todo cuanto se
le dice es que ha aprendido que comportándose así obtiene buenos
resultados
Posiblemente se dio cuenta por casualidad, se libró
de alguna obligación o mantuvo la atención de sus padres todo el
tiempo que quiso. Actuando así el niño consigue lo que quiere.
Un niño no nace desobediente, sino que se hace. El
comportarse mal se aprende y los padres tienen la responsabilidad de no
seguir manteniendo conductas desobedientes por más tiempo. De lo
contrario, al ir creciendo, los problemas se irán haciendo cada vez más
grandes hasta que resulte muy complicado la educación de un hijo que
desde pequeño se comportó mal.
Para no llegar a casos extremos debemos tener claro
las pautas educativas que vamos a mantener, es decir, si somos
coherentes en cada momento con las peticiones que les hacemos. En muchas
ocasiones les damos órdenes incompatibles o les mandamos varias cosas a
la vez. Las peticiones no quedan claras y esto favorece que el niño
haga como que no las ha oído.
Por el contrario, y lo que es peor, cuando pedimos
algo en tono amenazante provocamos una rabieta y de esta forma nunca
conseguiremos nuestro objetivo.
Nunca es fácil conseguir que un niño, en función
de su edad, por ejemplo, recoja los juguetes o guarde la ropa en el
armario. Si además, el niño es desobediente la tarea nos resultará aún
más difícil porque se negará a hacernos caso. Precisamente es en este
momento cuando debemos intervenir modificando las consecuencias, es
decir, lo que el niño obtiene de su mal comportamiento. Le diremos que
si no nos obedece se le acabarán ciertos privilegios o se ponga como se
ponga nadie le va a recoger la habitación, ni le ordenará el armario,
ni le leeremos el cuento que tanto le gusta si no se lava los dientes…
Tampoco le prestaremos atención cuando haga las
cosas mal a propósito. Por el contrario, le daremos instrucciones
claras sobre lo que debe hacer, sin alterarnos, y le enseñaremos que es
mejor que nos obedezca para poder hacer las cosas que más le gustan.
Sin duda es una tarea que necesita tiempo y dedicación.
El niño desobediente debe aprender que cuando no
hace caso a sus padres o se porta mal, no va a salirse fácilmente con
la suya.
La primera regla a la hora de empezar a actuar con
los niños desobedientes es adoptar una actitud serena y tranquila,
firme y segura. El perder los nervios no sirve para nada.
Después de tranquilizarnos debemos saber exactamente
que es lo que queremos que haga nuestro hijo; lavarse los dientes, meter
los calcetines sucios en la lavadora, recoger sus juguetes o irse a la
cama cuando termine su serie favorita. Siempre algo que sepamos a
ciencia cierta que el niño o la niña sabe hacer perfectamente en función,
claro está, de su edad.
Le daremos una instrucción clara sin olvidar que es
mejor convencer que exigir. Siempre será más adecuado prometer una
recompensa que un castigo y que mejor recompensa que un beso, unas
palabras de aliento o prometer sentarnos a ver los dibujos con ellos
cuando terminen de recoger la habitación.
Los premios materiales deben quedar reservados para
ocasiones especiales, de lo contrario corremos el riesgo de que se
acostumbren a hacer las cosas siempre a cambio de algo.
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